“A veces da la impresión de que con respecto al movimiento sindical, el Poder Ejecutivo prefiere la paz de los sepulcros, es decir, la inexistencia de organización sindical”, dijo el titular del Pit-Cnt, Marcelo Abdala. “Para mí no es una señal de fortaleza ese ataque permanente al movimiento sindical, en cierta medida la leo al revés, como una señal de debilidad”, subrayó.
Abdala identifica en la intención de jerarcas del Poder Ejecutivo para instalar la idea de “escalada sindical”, cuando los datos dicen lo contrario, como nerviosismo de actores del Poder Ejecutivo. Añadió la recolección de 800.000 firmas contra la ley de urgente consideración (luc) durante la baja movilidad producto de la pandemia, la prórroga de políticas o decisiones que se adoptarían ahora para después del referéndum, y los discursos encontrados sobre la reforma de la seguridad social.
“El Poder Ejecutivo presentó un documento de reforma de la seguridad social y el mismo Poder Ejecutivo dijo que no era vinculante, ¿entonces quién lo presentó?”, dijo sobre este último punto.
En diálogo con La Diaria, publicado este martes 14, Abdala subrayó la recolección de firmas contra la luc como un triunfo en sí mismo, obtenido a pesar de la baja movilidad, la luna de miel del Gobierno prolongada por la pandemia, y ante la negativa a debatir de los defensores de la norma. Aseveró que “cuando uno se prepara para la lucha, se prepara para ganar”, y adelantó que el movimiento social organizado saldrá a conversar con todos, casa por casa.
Consultado por el incremento de la lucha social, Abdala subrayó que las manifestaciones en Uruguay no llegarán a las observadas en Chile o Colombia, porque la organización de los trabajadores en una sola central sindical y la coordinación de todas las fuerzas sociales encuadrarán las formas de protesta. “Acá no va a haber un estallido, acá si hay movilización, la vamos a organizar nosotros”, sintetizó.
Por fuera de tema, La Diaria lo consultó sobre su posición acerca de Venezuela. Reflexionó que el problema de ese país es similar al del progresismo en el gobierno de los países de América Latina: sin diversificar la matriz productiva, los países quedan rehenes de los precios internacionales de las materias primas y, cuando caen esos precios, así como la inversión extranjera directa y los salarios, se compromete la distribución del ingreso.