En comercio exterior no solo hay que ver los números groseros sino que además hay que bajar a tierra cómo repercute en el campo del trabajo real

En su espacio de reflexiones en M24 el expresidente José Mujica sugirió al gobierno que ante la eventualidad de suscribir un acuerdo de libre comercio con China atienda “cómo se reparte el trabajo y el ingreso en la sociedad”. 

Mujica se refirió a “la eventual tentativa del gobierno de lograr una flexibilización del Mercosur” al efecto de establecer “un acuerdo más o menos de libre comercio con China” y al respecto señaló “en términos generales” que todo lo que ayude “a mejorar los términos de intercambio del país (…) puede ser favorable en el mediano y en el largo plazo”.

Sin embargo, debe cuidarse “cómo se reparte el trabajo y el ingreso en la sociedad” y en esa dirección apuntó que “el conjunto de empresas que venden a China” desde Uruguay “son en términos relativos pocas que venden mucho”; mientras que hacia “la República Argentina (…) son cuatro veces por lo menos la cantidad de empresas que le venden, si las comparamos con las que le venden a China; quiere decir que son medianas y pequeñas y algunas pequeñísimas empresas las que venden en la región”.

Al mismo tiempo, “en términos generales vendemos, lejos, a China, materias primas, en general de origen agropecuario: granos, carne en primer término, celulosa”; en tanto que “a nuestro vecino vendemos productos farmacéuticos, pinturas, repuestos a veces, mercado de piezas, pequeñas y múltiples contribuciones que tienen esta característica: en general significan valor agregado de carácter industrial”, entre ello producción de “las industrias químicas, bioquímicas, que en términos paritarios son generadores importantes de valor; y pocas, poquísimas materias primas, es al revés de lo que nos pasa con el comercio con China”.

Después destacó el ejemplo del Estado “segundo exportador mundial de valores que tienen origen en la tierra, (…) un pequeño país que se llama Holanda, un poco más grande que Canelones y que vende semillas, bulbos, nuevas variedades, a veces alguna vaquita Holstein, de alta calidad, a veces alguna oveja carísima; ¿qué vende?, productos que pueden parecer primarios pero no son, porque atrás de ellos hay una brutal investigación”.

Luego añadió el ejemplo de Nueva Zelanda en cuanto “país que más o menos produce muchos de los rubros que producimos en el Uruguay; sin embargo Nueva Zelanda es un país mucho más industrializado porque por cada jornada de trabajo produce mucho más valor que el que producimos nosotros; y no se trata de que suden más que nosotros: tienen más alta productividad porque tienen más alta tecnología y conocimiento”, resaltó.

De ahí que en “este asunto del comercio exterior no solo hay que ver en los números groseros, hay que bajar a tierra después en cómo repercute en el campo del trabajo real y sobre todo en ese mundo enorme en el Uruguay de las pequeñas empresas que (…) constituyen la mayoría de esta sociedad”.

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