FIEBRE UTERINA

Imagen: Arte de tapa Pink Narcissus / Tuxedomoon

Hace algunas noches, de madrugada, un poco entre dormida y otro poco delirando por la fiebre. Me imaginé lo que pasaría si todos y todas las personas en este país tuviéramos una especie de fiebre al mismo tiempo. Pero no la parte de la fiebre que se padece, que genera sufrimiento o malestar. Sino la otra parte. La que hace levantar temperatura en todo el cuerpo, como un shot calórico que te lleva al delirio y que irradia fuego por toda la habitación. Quien no se ha encontrado en este estado, sudando frío y calor. Imaginando cosas, pensando otras, fantaseando con lo real y viceversa. Con una fuerza más parecida a la furia, la furia con que se mueven las cosas o se transforman. La fuerza que tenemos los instantes antes del orgasmo, esa fiebre que solo sucede en ese espacio tan íntimo y secreto donde brillamos sin público, que nadie sabe, y que nace y muere en las puertas del cuarto. 

Inmediatamente después de recuperarme de ese sueño realidad, lo primero que pensé fue en escribir un texto sobre lo que nos pasa cuando tenemos sexo y en esa fiebre como potencia vital, única y feroz, que puede estar o no, pero si está es la fuente de toda creación. Enseguida llegó la censura, el tabú, la prohibición, la vergüenza, el miedo y el maldito pudor. De eso no podes hablar, que van a pensar? que queres generar? vas a despertar cosas, después te tenes que hacer cargo. Y si lo escucha, tal o cual persona…y así paranoias imaginarias hasta el infinito. Una proyección insaciable de fantasmática en una audiencia imposible, inventada, una mancha oscura de multitudes sin rostro que en mi fantasía me iban a castigar si me atrevía simplemente a hablar de sexo. Aunque fuera poética o metafóricamente. Por qué no hablamos de sexo? Cual es el grandísimo miedo? o la grandísima culpa? Ah será eso? Toda experiencia de goce y placer espontáneo y sin estructura posible de controlar, deberá ser reprimida y censurada. No sea cosa que te entregues a eso y dejes de lado tu devoción a la alienación cotidiana.

Por qué negamos la creación de nuestra existencia, y solo nos refugiamos en grandes discursos teóricos sobre libertad y diversidad, pero no podemos ni siquiera atravesar las barreras de nuestras propias vergüenzas. No nos juzgo, estamos todos y todas en este mismo barco, pero quizás es momento de naufragar un poco a ver que pasa. Prometo que no se va a trasformar en una orgía pública sin fines de lucro, pero quizás nos ahorremos bastantes angustias y sobre todo mucha, pero mucha violencia.

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