Gallino y la ciudad en disputa

Murales del artista José Gallino, que firma como Gallino Art. Foto: Ricardo Antúnez /
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“Las ciudades son gobernadas por un consenso 

tácito sobre la multiplicidad, la contradicción, 

la tradición obstinada, el progreso atolondrado 

y la ilimitada tolerancia de los valores individuales.”

(Sybil Moholy.Nagy. Libro “Urbanismo y Sociedad. “Historia Ilustrada de la evolución de la ciudad”, año 1970)

Por Linng Cardozo

¿Cuál es la ciudad ideal? ¿Cuál es la Montevideo ideal?

Arquitectos, urbanistas y pensadores hacen este ejercicio desde el fondo de la historia. En general parten de un concepto central que les complica la vida: la relación entre hombre y espacio, entre sociedad y cómo vivir la ciudad. 

Crear una ciudad o hacer ciudad es una cuestión compleja, porque existen tensiones en su interior que muchas veces obstaculizan la mejor solución. Es un problema tomar decisiones sobre una ciudad ya construida y en permanente movimiento. Hay tensiones entre ordenamiento, intereses económicos, urbanismo, arte y arquitectura y la gente. Una ciudad, por tanto, es un ente vivo.

Hay un interesante libro de Sibyl Moholy.Nagy, un historiador de la arquitectura y el arte. El libro se llama “Historia Ilustrada de la evolución de la ciudad.” Allí se dice: “Los hombres crean y destruyen valores con el mismo ímpetu. El hombre, el único ser viviente dotado de memoria histórica, siente devoción hacia el pasado, aun desconociéndolo y desmintiéndolo en nombre de un futuro sumamente incierto”.

LA HERENCIA DE ONETTI

Juan Carlos Onetti quizás haya sido el que mejor interpretó la tonalidad de Montevideo. Montevideo es gris. ¿Es verdad? No importa; está integrado. Parece claro que muchas cosas ayudan a que convivamos con esa definición. Menciono dos: las veredas y los ómnibus de Cutcsa. Sobre las veredas hay una preciosa anécdota. Batlle y Ordoñez y Pedro Figari conversaron sobre el color que debían tener las veredas de Montevideo. Figari, con su impronta artística, quería que fuesen de colores; Batlle que fueran grises. Ya se sabe quien ganó esa discusión. Otra anécdota: durante el gobierno de Tabaré Vázquez, Eduardo Galeano propuso que todos los ómnibus urbanos fuesen pintados de diferentes colores, con intervenciones artísticas en ellos. Ya se sabe quien ganó: Salgado.

Montevideo, por tanto, pareció asumirse gris. Sin embargo, en los últimos 20 años, a impulsos de nuevas generaciones, el gris comenzó a ser acorralado. Fue en la vestimenta -casi no existe el pantalón gris y el saco azul como uniforme civil y aburrido en las oficinas uruguayas – y fue en los muros. Artistas callejeros, atrevidos o no, insolentes que escandalizan a viejas con ruleros, comenzaron a apropiarse de los muros. Las tendencias que se podían observar en Estados Unidos y Europa -incluso letras con una misma propuesta tipográfica – comenzaron a aparecer por todos lados, no solamente en Montevideo. La capital dejaba de ser gris; Onetti agonizando.

Y LLEGÓ GALLINO

La propuesta de grandes retratos en los muros, no es un invento de José Gallino, ese salteño que estuvo en el ojo del escandalete por su mural en el edificio del IPA. En distintas ciudades del mundo, con menor y mayor calidad y técnica, existen grandes retratos en muros, de personas icónicas de esas sociedades. Gallino siguió esa línea. El problema es ?quien es el dueño de la ciudad o el policía de las buenas prácticas en la ciudad?

El Instituto de Historia de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de la República (UdelaR), emitió un pronunciamiento sobre Gallino y sus intervenciones en los muros de la ciudad. Dijo el instituto a través de una carta titulada «No es un lienzo»: la obra del artista es «una serie expansiva que poco a poco ha tomado una cantidad de planos, en el intento de animar y colmar los muros blancos». «La intención y sus polémicos resultados cobran mayor gravedad cuando se imponen no solo a las medianeras sino a las fachadas de algunos edificios, aun a las obras notables de la arquitectura uruguaya», expresó el instituto. Aluden, centralmente, al retrato de Antonio M. Grompone que el artista pintó en una fachada lateral del edificio del IPA. A mi juicio le asiste razón al citado instituto porque el edificio es distinguido desde el punto de vista arquitectónico. Y además, el mural fue autorizado por una autoridad pública, la Anep, que pareció desconocer el valor arquitectónico del edificio. El problema es que el citado instituto no se detiene en ese caso, sino que habla de toda la obra de Gallino. La actitud se agrava cuando el arquitecto Jorge Nudelman, del Instituto de Historia de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo dijo lo siguiente en el programa “En Perspectiva”: “a nosotros nos toca defender la buena arquitectura de la ciudad”.

Parecería que se erigen en policía de la ciudad, en tanto cuestionan directamente a Gallino que ha pintado muros que eran una porquería, que no tienen reconocimiento arquitectónico alguno. ¿Que les pasa a estos arquitectos que dicen que “la ciudad no es un lienzo?

El instituto se equivoca y, con una pretensión noble de atender la belleza de la ciudad y su arquitectura, arremete absurdamente contra toda la obra el artista. “Afectan el espacio urbano”, aseveran. Hasta parecen desconocer que el espacio público debe entenderse “como lugar de relación social y de construcción colectiva”, como escribió el experto español Carlos Alcántara. Y, en tanto construcción colectiva, es contradictoria. 

Se observa claramente lo dicho al principio: la ciudades son un ser vivo, en permanentes tensiones y en disputa. Sé que el mencionado instituto se ha pronunciado contra la demolición del Hotel San Rafael, contra la demolición de las casas Martirena-Dighiero, contra la demolición de la Casa Terra, pronunciamiento en contra de la instalación de cajeros automáticos en la sede 19 de Junio del Brou, contra la intervención en la Casa Crespi y ha listado más de cien bienes a proteger. Fenómeno. ¿Y Gallino qué tiene que ver? Les paso un dato para ustedes, policías de la ciudad: la casa del Dr. Leborgne, en la calle Libertad fue declarada de Interés Municipal. Ustedes mismos han escrito sobre esta casa lo siguiente: “’Me gusta la piedra y me gusta el ladrillo’. Las palabras del mismo Leborgne nos introducen en un mundo personal que se expresa cálida y sutilmente en su vivienda propia. En ella se plasman con particular contundencia una serie de búsquedas e inquietudes personales que reflejan nítidamente una forma de pensar y de vivir, en donde arte y naturaleza se conjugan como expresión de la armonía universal. De allí una primera conexión con el maestro Torres García y su Escuela. En efecto, Leborgne mantuvo, al igual que otros destacados creadores uruguayos -los arquitectos Payssé y Lorente Escudero y el ingeniero Dieste- una estrecha relación con el gran pintor, padre del Universalismo Constructivo, que pautó de alguna manera la obra de todos ellos.”

Pues bien, visítenla y después espero vuestro pronunciamiento. (Ahí Gallino, les aseguro, no tuvo nada que ver).

NOTA: Documento del Instituto de Historia de la Facultad de Arquitectura sobre los bienes de interés municipal.

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