Las grandes empresas y corporaciones industriales que contaminan el planeta vendiendo su producción de plásticos fueron habilitadas por las Naciones Unidas a participar en la discusión de un futuro tratado mundial que desde 2024 ponga límites a la destrucción de océanos, mares y cursos de agua. “¿Cómo el regulado va a estar en la definición de un tratado?”, cuestionó el activista Diego Rodríguez, vocero del Centro para la Investigación de la Epidemia del Tabaquismo, en Menú Informativo.
Durante esta semana laboral tuvo lugar en Punta del Este la Cumbre Internacional de Plásticos, donde representantes de 190 países debatieron por primera vez las condiciones de un próximo tratado vinculante con el objetivo de contener la contaminación con plásticos de océanos y mares.
Rodríguez explicó que con ello se apunta a “buscar las formas de eliminar los plásticos y en particular los de un solo uso, que representan en los mares casi el 90% de la contaminación” y que además “no se biodegradan”.
Sin embargo, señaló, “nos preocupa que se están dejando algunos plásticos en particular por fuera” de las negociaciones, por ejemplo “los filtros de los cigarrillos”, y objetan “la participación de la industria en el tratado”.
Precisó que “ese filtro está hecho de acetato de celulosa, que es plástico, un polímero, y eso después queda tirado en todos lados, en los mares, las playas; todo eso termina en los ríos, y a través de los ríos, los mares, pero a su vez desprende los propios químicos que tiene el filtro y los del plástico”.
Si bien “este tratado recién se está negociando”, esta fue “la primera reunión a partir de Naciones Unidas” y “se trata de llegar a 2024 con un tratado final vinculante, (…) no se está incluyendo en esta discusión que se eliminen los filtros de los cigarrillos, que son un plástico de un solo uso”.
Además, Naciones Unidas “establece” entre “las líneas a incluir” en el acuerdo “que puedan participar los privados, las empresas”, esto es las entidades “que generan el problema medioambiental”, directiva con la que el CIET discrepa porque “el regulado no puede decir cuál es la regulación”.
“¿Cómo el regulado va a estar en la definición de un tratado? Incluso en algunos países hasta en definición de políticas, políticas que pretenden regularlas, y los estamos tratando de regular porque están haciendo daño; si no necesitáramos regularlos y las empresas fueran realmente responsables de lo que hacen, no necesitarías el tratado; entonces no deberían estar ahí”.
“Esa es la preocupación, que se les está permitiendo estar, incluso hacen lobby justamente para debilitar las regulaciones (…) o incluso terminan haciendo acciones de lo que llamamos green washing, ´lavado verde´”, graficó; por ejemplo, la empresa “te dice que está colaborando con los objetivos de desarrollo sostenible y capaz lo que está haciendo es plantar tres árboles” cuando “te están contaminando todo el planeta con plásticos”.