Según los últimos estudios de la universidad de Massachusetts, se revelaron datos fiables y certeros, que tanto en nuestro país como en tantos otros del mundo, nos encontramos con todo tipo de gente. Afortunadamente la especie humana goza de una diversidad ilimitada, que permite la convivencia de personas que no podemos creer que sean tan distintas. Si bien existe el caos, las guerras, las injusticias sociales, la vulneración de los derechos humanos. No sabemos cómo pero la convivencia sucede igual, y en este mundo que tenemos, vivimos todos y todas. No sólo atravesamos la experiencia de vivir, sino que también a veces, no todos, no siempre, nos gusta dar cátedra de cómo vivir a otras personas. Por algún extraño motivo eso parecería ser una manera de afirmar nuestra existencia con mayor certeza, e incluso hasta sería algo que de alguna manera ayuda a otras personas. En ese camino, de certezas ilusorias, de saberes sospechosamente adquiridos , y de evangelización del conocimiento de algo, hay distintos perfiles. Hay quienes se deciden a estudiar algo, convertirse en expertos, especialistas, estudiosos sobre un tema. Estas son personas con esa vocación pero que necesitan avales académicos o institucionales para confiar en su discurso.
Después existen quienes hacen el camino autodidacta o de la experiencia, y confían en la sabiduría de la vivencia y la trayectoria. Y de esa acumulación surgen los avales, de los que luego poder jactarse de yo se de esto porque lo viví, lo que nos traduce el refrán: el diablo sabe más por viejo que por diablo. Luego tenemos aquellas personas, que suelen ser muy pintorescas ya a golpe de ojo, que son quienes no creen necesitar de ningún aval, más que el de su propio percepción sobre las cosas. En estos casos muchos se adjudican tener una gran intuición, o un ojo afilado para ver más allá, o simplemente la impunidad para opinar, juzgar o hablar de algo, sin tener ningún tipo de conocimiento del tema.
En todas las culturas podemos reconocer estos perfiles, hay quienes por sentirse más sabios o avalados que ellos, los denomina charlatanes, chantas, todólogos u opinólogos.
Pero si lo pensamos dos minutos y entendemos que el conocimientos en realidad no es patrimonio de nadie, estas acusaciones no tendrían valor ninguno, ya que quien en definitiva sabe más o tiene la razón, es un terreno movedizo y cambiante. Las ciencias duras se inventan cada día y lo que se dijo hace treinta años, ya se contradice lo que dice hoy. Y ni que hablar de las ciencias humanas, la filosofía, la metafísica, la economía, la política, imposible de saber la verdad, si es que la hay. Entonces una hipótesis factible podría ser que la verdad es como un objeto blanduzco, flexible y pegoteado, algo así como un Slime transparente e inodoro, que rebota en las manos de quienes lo agarren con más fuerza, o mayor convicción.
Es por esto que en este informe de la universidad de Massachusetts, podemos concluir sobre los resultados arrojados que cualquier persona está calificada para opinar, decir y expresar lo que quiera sobre cualquier tema, si total. La gente calificada tampoco es que le da en la tecla. Entonces se exhorta a quien quiera liberarse de las barreras del yo no sé, yo no opino porque no estoy al tanto, yo mejor miro el informativo que ahí me informo, o eso lo tienen que decir los que saben. Los invitamos a soltar la prudencia, la humildad, la sensación de escasez, y mostrar, compartir y divulgar su opinión real sobre las cosas.
Sin pruritos, ni falsedades, sin avales y porque sí.
Está chequeado que esto ayuda a la interacción social y favorece la deconstrucción de sentido. El 78 por ciento de la gente que lo hace es más feliz, y librepensadora. La idea base es empezar a formular una opinión firme sobre un tema en el que tenemos total desconocimiento, que puede finalizar (para no perder credibilidad) con un…Y esto no lo digo yo eh, lo dice la ciencia…